|
|
|

|
AUTOR |
TITULO DE LA OBRA |
|
Zeuxis Vargas Alvarez |
Retrospectiva |
RETROSPECTIVA
Para
huir de este tiempo imperdonable
me
di en enterrarme en mi mismo
como
alguien que se adentra en sus entrañas.
Me
di en acaudalarme de silencio
para
no sentir las voces, los cuerpos,
las
sombras,
los
mensajes que siguen anunciando
al
oído
¡Estas
vivo,
irremediablemente
vivo!
ACORRALADO
Hay
señales por todas partes,
me
tienen acorralado,
es
imposible huir.
La
vida me persigue
¡Incesante!
PRESENTIMIENTO
No
tengo a nadie
para
compartir mis ausencias
y
sin embargo…
perece
que viniera de la noche
un
tronar de fusiles presintiéndome
parece
como si fueran
a
dejar caer sobre todos los tejados
el
grito de los recién asesinados
y
que las calles
quisieran
dejar correr la sangre tibia.
No
tengo ya tranquilidad para todos mis tormentos
sólo
me llega un llanto de niño
que
huele a carne chamuscada.
REGRESO
A
Con
qué voz,
con
qué temerario signo
despertar
la muerte.
Cómo
regurgitar el silencio
y
llevarme a mi mismo
hacia
el dulce abismo.
Cómo
lograr el sortilegio
para
que mis huesos puedan retomar
a
su verdadero destino
de
blancas nubes soñadoras
REVELACIÓN
MIMÉTICA.
De
mí no quedan sino feroces artilugios,
huesos
marítimos, sonrisas y ojos
demasiado
profundos para ser verdaderos.
De
mí no quedan sino los deseos,
la
soga, el cuchillo, el revolver, el vacío…
y
el mismo hombre
haciendo
brotar la misma sangre.
PERVESIDAD.
Anunciarme.
Venir
en puntillas,
golpear
sobre mi puerta,
luego,
huir
desesperado
LICUEFACCIÓN
DE LOS RECUERDOS.
Fui
veraz por aquella época
en
que mis huesos eran movimiento.
Fui
verdadero
sólo
cuando aún había lo líquido y lo blando
amarrando
mi esqueleto.
Pero
eso fue hace mucho
y
no es bueno recordarlo
ahora
que fatigo la humedad del barro
y
que me se habitante del subsuelo.
(Mera
sombra de instrumentos rotos
que
sirvieron para hacer sonar un cuerpo)
Yo
tuve unas manos,
no
de niebla
sino
unas especiales para abrirle
heridas
a la tierra.
Tuve
manos curiosas
que
buscaban en mis ojos
el
ánima escondida
de
la juguetona cola de los perros
Mi
mundo en aquel entonces
(y
no es bueno recordarlo
porque
ahora soy un elemento
que
habita los silencios),
era
un patio donde Dios creaba
las
mariposas y las flores.
Era
un muro de barro
y
una alta cerca que servía de escalera
para
coger los sabrosos pomarrosas.
Mi
voz tenía la travesura del río
y
solo profería
cosas
gratas que me enseñaba el viento.
Mis
piernas estaban siempre
buscando
travesías,
caminos
de árboles.
Ramas
y raíces
escribiendo
la estación de la jungla.
Esos
días fueron refulgentes
como
una luciérnaga
danzando
desprevenida en el abismo.
Esos
días
tenían
a veces la tristeza inmensa
de
una tarde nublada
dibujada
en los ojos de las reses.
Pero
hubo días también
habitados
por un centenar
de
nubes burlonas
que
pasaban ebrias
dando
tumbos contra las montañas.
Nada
de eso es bueno recordarlo
ahora
que soy
el
paquete sombrío de un brujo
y
mi esquema fósil sólo sirve
para
ahuyentar la inocencia
y
atraer lechuzas y gatos despeinados.
Ahora
soy un poco de fichas
sin
tablero
y
mi destino es la penumbra.
He
perdido el milagro,
soy
sólo un espanto,
una
silenciosa inmovilidad de huesos,
unos
despojos
tirados
por ahí, en cualquier parte.
Página de inicio / Antecedentes / Obras / Entrevistas / Concursos / Noticias / Links / Taller literario / Contacto