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(Seudónimo de la escritora argentina Marta Roldán)
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Concurso historias de amor: “El día que conocí al amor de mi vida”:
Lo
que voy a contarte es mi propia historia de amor.
Nos conocimos así, porque la vida lo quiso. Porque, a veces, aunque te
resistas, se dan las cosas y listo. Era el 17 de agosto, sábado y feriado. Con
mis compañeros de secundaria, en tercer año, organizamos un baile para
recaudar fondos para el viaje de estudios y contratamos un club céntrico que
luego de las doce de la noche habría sus puertas para el público en general.
Por eso, estaba yo allí ese día y a esa hora .
Pero él (en realidad me lo contó después) no quería ir a bailar ese sábado.
Ya que estaba total y completamente deprimido porque su novia le había cortado.
Su falta de ánimo se manifestaba fehacientemente a través de una barba
abandonada por más de dos semanas; pero igual, su amigo Palito pudo convencerlo
de ir a bailar y olvidar las penas.
-Vamos, Manchana. ¿Qué te vas a quedar haciendo?. Vamos. Te levantás una
minita. La pasamos bien. Vamos!- Impetró Palito, hasta que consiguió sacarlo
de su casa a rastras; pero bañado y emperifollado para matar. Bah! Para matarme
a mí, aunque todavía no me conocía.
Tal vez salió de su casa, fue a la parada del colectivo y tomó el 53 rojo (
hoy 133) o el 203 ( hoy 131). Siempre abatido y quizás sin hablar, se encaminó
hacia Sportivo, donde estaba yo, que ya había ingresado con la primera manada
de adolescentes, a las 21,00 horas como se acostumbraba entonces. Y se hicieron
las doce de la noche, o más, y yo estaba dándole vueltas a la pista, caminando
despacio y hablando con mi mejor amiga Adelma, la cual tampoco había encontrado
alguien con quien bailar.
Me voy a tomar un tiempo para describirte el salón del club y mi aspecto.
Bueno, el club era un estadio cubierto, es decir que era un gran patio techado
con gradas alrededor y, como pista de baile, usábamos la cancha de básquet. No
estaba decorado, sólo creo que había una pantalla gigante donde pasaban
ininterrumpidamente video-clips de música. Había un buen disc-jokey y se
escuchaba mucho rock nacional en vivo.
Yo me había puesto un jean ajustado, aunque me quedaba un poco grande de
cintura, pero bien; una camisa escocesa bordó, blanca y azul que tenía
apliques de corderoy en los hombros, el cuello y el canesú, estaba
confeccionada por una modista del barrio quien siempre me sacaba del apuro con
algún retazo de tela para poder estrenar ropa los fines de semana. Era de última
moda que las chicas usáramos corbata, yo llevaba una de color blanco alrededor
de mi cuello (aunque no te lo puedas imaginar, me quedaba bien). El maquillaje
era obra de mi prima, labios rosas, ojos delineados. El cabello, con un corte
extravagante, como un nido de pájaros negro sobre la cabeza con una melena
cayendo en la espalda. Creo que en los pies llevaba botitas negras, pero eso ya
no lo recuerdo.
Volvamos a la pista en donde mi amiga y yo caminábamos dando vueltas entre el
tumulto de gente que rodeaba a las parejas que sí estaban bailando. Adelma y yo
hablábamos justamente de que nos hubiera gustado encontrar a alguien con quien
estar, compartir, a alguien a quien querer, alguien que nos mimara: un novio;
igual que nuestra amiga en común, Miriam, que tenía un enamorado muy compañero
y muy dulce.
Ellos, Palito y él, nos vieron primero, les gustamos y decidieron sacarnos a
bailar.
Recién cuando me dijo:”¿ Querés bailar conmigo?”, me di vuelta (porque
habló detrás de mí) y lo vi por primera vez.
Aquello que yo te pueda escribir acerca de lo que sentí en ese momento, es ínfimo
e insignificante en comparación con lo que me sucedió en realidad. Que mi
mundo cambió desde ese instante, que me derrumbó las sólidas estructuras que
había creado a través de infinidad de malas experiencias amorosas anteriores,
que me tembló hasta lo más profundo del corazón al verlo, es poco decir.
Era esbelto y delgado, pero musculoso; recio y serio, pero delicado a la vez,
impactante. Tenía una barba incipiente (como ya te conté); cabello corto, pero
muy tupido, castaño claro; sus ojos de color miel eran bien rasgados y
enmarcados por unas pestañas muy largas y frondosas. ¿Cómo estaba vestido?.
Bueno, no tengo que esforzarme mucho en recordarlo. Un pullover gris con una
franja azul y una blanca, de cuello redondo que dejaba entrever una camisa
escocesa a cuadros grises y blancos de lanilla también. Un jean ancho con
grandes bolsillos, y zapatillas.
Es evidente que acepté bailar con él. Mejor dicho aceptamos, porque Adelma
salió a bailar con Palito y yo con él; pero a Adelma y Palito los vamos a
perder desde ahora porque lo suyo no pasó a mayores, no hubo piel entre ellos.
Así que vamos a ser sólo nosotros, el amor de mi vida y yo.
Entramos en pareja a la pista. Estaban pasando música movida, por lo que bailamos bastante
alejados uno del otro, como a un metro y medio más o menos. Pude observarlo
mucho. Era precioso. Me encantó cómo se movía; pero no recuerdo las canciones
que escuchamos esa noche, porque a partir del momento en que empezamos a hablar
fue igual que hubiera alguien o no a nuestro alrededor, pues para mí ya estábamos
solos.
Después de las usuales presentaciones logramos sincerarnos como si nos conociéramos
de años atrás.
A la una de la mañana el disc-jokey puso música lenta y nos abrazamos para
bailarla.
Sentí la cercanía y el roce de su cuerpo por primera vez y fue la sensación más
sensual de mi vida hasta ese momento. Fue un cosquilleo que me recorrió todo el
cuerpo. Fue un temblor irrefrenable desde el tronco hacia las extremidades.
-Te puedo besar.- me dijo. Y estábamos tan cerca uno del otro que dificultaba
mi negativa. Pero dije:
- No. No puedo besar a alguien que recién conozco.
Me gustó muchísimo el olor de su piel con “Internacional”.
- Bueno. ¿Cuánto tiempo tenemos que estar para
conocernos?. A ver, charlemos un poco y después nos besamos.- E hizo el gesto
de estar pensando en qué me podía contar. Entonces empecé yo por ponerlo al
tanto de mi desconfianza en los hombres y de mi mala experiencia anterior:
- Estuve con alguien hace dos años y todavía lo amo. No puedo olvidarlo
y es difícil para mí empezar una nueva relación.
- Mi novia me dejó hace dos semanas,- me confesó- realmente yo tampoco
estoy en condiciones de prometerte nada. Si querés – se tiró a la pileta sin
agua – pasamos el rato y listo, total no nos vemos más.
- No voy a confiar en vos. No te lo voy a creer nada de lo que digas.- me
defendí.
- Está bien. Igual yo no puedo confiar en vos. ¿Probamos?.
Acercó sus labios gruesos y carnosos a los míos y nos besamos, primero
como con miedo, como buscando la forma de agradarnos y congeniar, después fue
todo placer y dulzura. Nuestros labios se abrieron al unísono y nuestras
lenguas comenzaron a explorar apasionadamente la boca nueva que las recibía y
aceptaba con beneplácito.
Y, como dice la canción:”Se esfumó la habitación, la gente y
el miedo se escapó por la ventana.” Nos dimos un beso tan pero tan largo que
el baile terminó y quedamos solos en la pista y todos nos miraban y hablaban de
nosotros sin que ni siquiera nos diéramos cuenta de eso.
Me escribió su dirección y su
teléfono, no le creí y al día siguiente llamé para corroborar si era cierto.
Le di mi dirección y al día siguiente pasó por la esquina de mi casa para
saber si era verdad. Todo lo
que nos dijimos coincidía con la realidad, en lo único que nos equivocamos fue
en creer que lo nuestro iba a durar sólo una noche, porque hoy hace 17 años
que estamos juntos.