(Seudónimo de la escritora argentina Marta Roldán)

 

 


AUTOR

TITULO DE LA OBRA

El seis

Se perdió entre...

   
SE PERDIO ENTRE LAS NOTAS
DE UNA TRISTE MELODIA.
 
E stoy esperando una bella
Dama
Que brote de su ser perfecto
Una melodía
Llena de cantos de guitarras
Estridentes
Una lluvia de tambores
Que hagan temblar el cielo
Un sonido lloroso de metal
Que rompa el umbral
De lo posible
Y se convierta en pura
Bruma de sonidos
Y tiempos
Que su cuerpo se contorsione
Presa de algún endemoniado
Requinto
De una cítara increada
Que estuvo almacenada
Dentro del arcón del cosmos
Donde guardó silencio
Eterno
Eterno
Que el sonido perfecto
De una canción
Cualquiera
De un grupo bañado
De metal
Haga bailar el cuerpo
Tapizado de sudor
De la dama vestida
De luna
Y maquillada
De sol
Y que lentamente
Se pierda su contoneo
Entre los brazos inmensos
Del universo
Allá a los lejos
Una voz afónica
Lanza adoloridos aullidos
Llamándome
Buscándome
Entre los riscos de concreto
De una ciudad muerta
Donde todos los hombres
Están degollados
Y las mujeres han sido violadas
Mi búsqueda endemoniada
Esta atrapada
Entre cuatro paredes
De cadáveres jóvenes
Que no dejan mover mi cuerpo
Sobre
Una montaña de huesos
Y una laguna desbordante
De sangre
De peces ebrios de dolor
Que se dejan atrapar
Por el perverso pescador
Mordiendo
El ardiente anzuelo
Para ser llevados
Al sartén de hierro
Para bailar la última danza
Entre los dientes podridos
Del miserable cazador
La mujer que algún día
Esperaba
Reservándole
Los climas de mi cuerpo
Nunca llegó
Se quedó atrapada
Entre las notas violentas
De un violonchelo
Nunca visto
Nunca tocado
Un violín eléctrico
Rojo
Lanza aullidos
Dardos del silencio
Para atrapar los oídos
De los muertos.
 
 
 
 

LA PSICOLOGA.

                           No hay nada mejor en esta vida
                           que una bella dama.  
    Cuando la conocí, ella me consideraba un loco; hasta un “ser enfermizo”, depravado. Siempre me miraba con sus reservas, y en ningún momento, profundizaba su vista sobre mis ojos de  muerto. Me huía frecuentemente, argumentando, cualquier razón o sin razón; decía: debo buscar los silencios escalofriantes del universo. Estoy buscando el principio intrínseco de la vida. El poder del universo me aplasta y aniquila, cual una hormiga ebria. Se me quedaba observando con  mucha precaución y hasta cierto miedo. Yo, para ella, era sólo un poeta demente, iracundo y discípulo consumado de Dionisios. Suenan las campanas sus lamentos/Mientras los fieles enlutados se encaminan cual robots, hacia su creador/Los reverendos del metal esperan sus ovejas mecánicas, para aceitar sus cerebros/Alabado sea el Hierro/Bendita la maquina/Aleluya al aceite automotriz/Levantemos la batería al Señor del concreto/.
   Ella, era la perfección de mujer. De piernas largas y bien torneadas. Ojos como cavernas obscuras y silenciosas. Sus caderas eran el movimiento mismo. Tenía un lunar pequeño en la mejilla izquierda, que la hacía verse más encamable. Estudiaba creo... Psicología, en la Universidad del Estado. Era introvertida, y un poco “altanera”, bueno... eso decían sus condiscípulos. Los ecos de Freud, taladran las consciencias/Mientras los hombres como autómatas se dirigen al pabellón de la locura/Sueñan los seres en símbolos dispersos y complicados, mientras el subconsciente se carcajea/Los dolores antiguos aparecen entre las nubes del pensamiento, y encadenan a los “sujetos urbanos”, y estos, con algunos “venenos espirituales”, alejan de sí, la cascada del sufrimiento.
   Nunca el “destino” nos unió, ni las probabilidades nos acercaron jamás. Fue un día lluvioso, cuando me dije: voy por esa mujer de pelo ensortijado. Llegué en cuasi estado de ebriedad, más una píldora de esas que nos hacen olvidar que existimos, me dirigí a ella, la belleza. Me gusta tu lunar obsceno, creo que le dije. No me contestó, sólo se me quedo mirando. No me palpitaba el corazón, porque, creo que no tengo; sólo se escuchaba el sonido de una maquina recién prendida. Yo no era la perfección estándar del hombre guapo; más bien mi atractivo era mi mirada de “locura, de demencia”. Eres muy especial, y bellísimo, exclamó en tono sereno la dama. Mis ojos eran antorchas en la madrugada/Mis manos ramas de algún árbol, donde corre la savia, como una maldición/Y mi rostro era el terror mismo/Afuera, allá donde se termina lo posible, una luz azul, me envolvía con su tristísima belleza/Era el hombre más perfecto...
   Te amo, me dijo. Yo no contesté nada. Sólo nos encaminamos por las calles torcidas de la ciudad, buscando un lugar privado, donde tocarnos el cuerpo, donde fundirnos en uno, donde pertenecernos, donde ser la unidad, donde... copular todo el día. Queríamos alejar el sentimiento de “angustia universal”, “aniquilar la soledad”, “dejar de temblar ante las vicisitudes del vivir”.
   ¿Crees qué el sexo nos espante los demonios?
   No lo sé.
   ¿Me quieres?
   No lo sé.
   La vida, y todo lo que ésta implica se carcajeaba.
 
EL SEIS.

UN GATO Y EL JAZZ 
 
Los golpes cruentos
que lanza el viento
siempre destruyen
mi cuerpo
estoy desfigurado
el rostro
tengo todas las heridas
incrustadas
tatuadas
inconadas
sobre la epidermis
repulsiva
atractiva
que cubre los huesos
quebradizos
de mi antes bella
faz
hoy una máscara
de metal
esconde mi nombre
estoy “monstruo divino”
entre los templos
del anonimato
y sólo salgo las noches
gato azul
a recorrer los tejados
de los bares nocturnos
para beberme insaciable
una botella de olvido
escuchar extasiado
una vieja melodía
de síncopa alucinante
que haga latir
mi detestable corazón
al compás
del jazz
y
lanzar mi vista
gatuna
entre pedazos
de sombra
buscando una prostituta
de falda corta
de pechos pródigos
de labios suaves
para invitarla
a mi obscura morada
y
en mi lecho bestial
hacerle el amor
hasta sorberle
toda la pasión
toda la vida... 
 
 
EL SEIS

Les envío un cuento genial como colaboración.YO SOY EL ARTE/YO SOY EL PROXENETA DE LA PARCA.
 
Aten.
 
EL SEIS.
 
Postscriptum: Los d.a. y el (cr.) son míos exclusivamente.
 
   LA PSICOLOGA.
                           No hay nada mejor en esta vida
                           que una bella dama.  
    Cuando la conocí, ella me consideraba un loco; hasta un “ser enfermizo”, depravado. Siempre me miraba con sus reservas, y en ningún momento, profundizaba su vista sobre mis ojos de  muerto. Me huía frecuentemente, argumentando, cualquier razón o sin razón; decía: debo buscar los silencios escalofriantes del universo. Estoy buscando el principio intrínseco de la vida. El poder del universo me aplasta y aniquila, cual una hormiga ebria. Se me quedaba observando con  mucha precaución y hasta cierto miedo. Yo, para ella, era sólo un poeta demente, iracundo y discípulo consumado de Dionisios. Suenan las campanas sus lamentos/Mientras los fieles enlutados se encaminan cual robots, hacia su creador/Los reverendos del metal esperan sus ovejas mecánicas, para aceitar sus cerebros/Alabado sea el Hierro/Bendita la maquina/Aleluya al aceite automotriz/Levantemos la batería al Señor del concreto/.
   Ella, era la perfección de mujer. De piernas largas y bien torneadas. Ojos como cavernas obscuras y silenciosas. Sus caderas eran el movimiento mismo. Tenía un lunar pequeño en la mejilla izquierda, que la hacía verse más encamable. Estudiaba creo... Psicología, en la Universidad del Estado. Era introvertida, y un poco “altanera”, bueno... eso decían sus condiscípulos. Los ecos de Freud, taladran las consciencias/Mientras los hombres como autómatas se dirigen al pabellón de la locura/Sueñan los seres en símbolos dispersos y complicados, mientras el subconsciente se carcajea/Los dolores antiguos aparecen entre las nubes del pensamiento, y encadenan a los “sujetos urbanos”, y estos, con algunos “venenos espirituales”, alejan de sí, la cascada del sufrimiento.
   Nunca el “destino” nos unió, ni las probabilidades nos acercaron jamás. Fue un día lluvioso, cuando me dije: voy por esa mujer de pelo ensortijado. Llegué en cuasi estado de ebriedad, más una píldora de esas que nos hacen olvidar que existimos, me dirigí a ella, la belleza. Me gusta tu lunar obsceno, creo que le dije. No me contestó, sólo se me quedo mirando. No me palpitaba el corazón, porque, creo que no tengo; sólo se escuchaba el sonido de una máquina recién prendida. Yo no era la perfección estándar del hombre guapo; más bien mi atractivo era mi mirada de “locura, de demencia”. Eres muy especial, y bellísimo, exclamó en tono sereno la dama. Mis ojos eran antorchas en la madrugada/Mis manos ramas de algún árbol, donde corre la savia, como una maldición/Y mi rostro era el terror mismo/Afuera, allá donde se termina lo posible, una luz azul, me envolvía con su tristísima belleza/Era el hombre más perfecto...
   Te amo, me dijo. Yo no contesté nada. Sólo nos encaminamos por las calles torcidas de la ciudad, buscando un lugar privado, donde tocarnos el cuerpo, donde fundirnos en uno, donde pertenecernos, donde ser la unidad, donde... copular todo el día. Queríamos alejar el sentimiento de “angustia universal”, “aniquilar la soledad”, “dejar de temblar ante las vicisitudes del vivir”.
   ¿Crees qué el sexo nos espante los demonios?
   No lo sé.
   ¿Me quieres?
   No lo sé.
   La vida, y todo lo que ésta implica se carcajeaba.
 
EL SEIS

ES TU CUERPO EL TEMPLO

DE MI ADORACION.

Dedico este poema a una bella chica,

que conocí en un puerto. Yo fui su pescador,

ella mi sirena.

 

 

Cada silbaba de tu extraño

Nombre

Esta llena de odio

De rencor

Hasta de sangre

Pero nunca de olvido…

Siempre lo demuestras

Cuando tu acústica

Boca roja

Arroja polifónicos

Sonidos de filarmónica

Enferma

Sobre mi rostro

De papel pautado

Lleno de claves

Símbolos extraños

Donde se almacena

Una melodía inconclusa

Ejecutada por el universo

De mi ser atormentado

Mientras suena un triste

Oboe

Allá cerca del teatro

Infinito

De la ciudad caótica

De mi cerebro

Aunque vuelen violentos

Los años

Sobre la piel eterna

Del cosmos

Tu cuerpo tapizado

De “ángeles ebrios”

Eleva cánticos

De la más viva pasión

Haciendo alarde

Desmedido

De su tersa lozanía

Cuando estás conmigo

Escuchando la melodía

Que brota desde las sonoras

Catacumbas

Del ataúd morado

Que cubre la estructura

De mis huesos

De mis sueños

Y así…

Aunque el cielo

Tiemble

Arroje lunas rotas

Lágrimas de nubes

Caiga algún planeta

Herido

Somos el único dúo

Donde cada voz

Rompe

El óleo del silencio

Cantando

Aullando

Su propia ópera de metal

Para sumergirse

En el lago utópico

Donde está almacenado

El amor

Como una maldición

Sempiterna

El sonido divino

De esplendente lujuria

Que se esconde

Bajo la suculenta epidermis

Plateada

De ese montón de carne

Trémula

Es la pasión de mi amada

Parece que huyó

Despavorido

Para jamás volver

(Dicen ancianos clarividentes)

Está escondido

En el fondo de un viejo

Violín azul

Que en espera dolorosa

Agoniza

Su vida de madera

Entre las sepulturas antiguas

Del camposanto

De los olvidados

El cual fue ejecutado

Por una generación

De músicos “dementes”

Donde las cuerdas

Presas de convulsiones

Gemían

Las mejores notas sensuales

De una melodía llena

De pechos de miel

De rítmicas caderas

De ríos de libido

Que corren sobre

Las aguas verdes

De los antiguos oyentes

Ya muertos…

Es tu ser perfecto

(Algo así)

Como si estuvieras siempre

Atrapada

Entre la magia de un mantram

Donde tus fieles devotos

Lo pronuncian

Para adorarte

Siempre

Tienen en sus manos

Rosarios

De lágrimas

De pasiones

De fe…

Donde la repetición

“Diabólica”

De palabras extraídas

De tu cuerpo

(Un tanto confusas)

Es como un vuelo

De abejas locas

Es tu cuerpo

Un templo gótico

Lleno de bellas naves

En vuelo incierto

Tus ojos

Columnas que sostienen

El peso de tu belleza

Incomparable

Rosetones magníficos

Tus pechos

Cuando están henchidos

De pasión

El altar donde huele

A lluvia de incienso

Es tu talle perfecto

Cuando estás desnuda

El silencio sepulcral

Que vomita

Una misa

De cuerpo presente

Es tu mente

Cuando

Piensas en tus fieles

Amantes

Algunos muertos de amor

Muchos de rodillas

Lastimadas

Aún prestos para adorarte

Siempre

Nadie sabe conquistar

Tu corazón

(Reina tirana)

Sin ser esclavo

Del imperio de tus besos

Estudian estrategias

De guerra apasionada

Para cercar el palacio

De tu cuerpo

Cómo vencer de manera

Oportuna

Eficiente

Los soldados etéreos

De tus iracundos

Arrebatos

Buscan el arma perfecta

Para despojarte

Del vestido de seda

Que cubre tu erótico ser

Hecho de maravillas

He iluminas el todo

Con tu belleza

Aunque no haya luz

En el universo

Y los ojos de los humanos

Están ciegos de tanto desear

De tanto amar

De tanto buscar

De tanto nadar

Cual pescados asustados

Huyen

De las redes asesinas

Imaginarias

Que se encuentran instaladas

En las lagunas de sus mentes

Alucinadas

Pero…

Siempre esperan todos

Diario

Con una pasividad

Que espanta 

El movimiento suave

Delicioso

De tu cuerpo desnudo

Sobre sus brazos de agua

Sus manos de sal

Para después besarte

Entre las burbujas etílicas

De las olas incróspidas

De olores eternos

Del más puro amor…

 

 

EL SEIS

 

 


 


Página de inicio / Antecedentes / Obras / Entrevistas / Concursos / Noticias / Links / Taller literario / Contacto