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AUTOR |
TITULO DE LA OBRA |
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El seis |
Se perdió entre... |
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SE
PERDIO ENTRE LAS NOTAS
DE
UNA TRISTE MELODIA.
Dama
Que
brote de su ser perfecto
Una
melodía
Llena
de cantos de guitarras
Estridentes
Una
lluvia de tambores
Que
hagan temblar el cielo
Un
sonido lloroso de metal
Que
rompa el umbral
De
lo posible
Y
se convierta en pura
Bruma
de sonidos
Y
tiempos
Que
su cuerpo se contorsione
Presa de algún endemoniado
Requinto
De
una cítara increada
Que
estuvo almacenada
Dentro
del arcón del cosmos
Donde
guardó silencio
Eterno
Eterno
Que
el sonido perfecto
De
una canción
Cualquiera
De
un grupo bañado
De
metal
Haga
bailar el cuerpo
Tapizado
de sudor
De
la dama vestida
De
luna
Y maquillada
De
sol
Y
que lentamente
Se
pierda su contoneo
Entre
los brazos inmensos
Del
universo
Allá
a los lejos
Una
voz afónica
Lanza
adoloridos aullidos
Llamándome
Buscándome
Entre
los riscos de concreto
De
una ciudad muerta
Donde
todos los hombres
Están
degollados
Y
las mujeres han sido violadas
Mi
búsqueda endemoniada
Esta
atrapada
Entre
cuatro paredes
De
cadáveres jóvenes
Que
no dejan mover mi cuerpo
Sobre
Una
montaña de huesos
Y
una laguna desbordante
De
sangre
De
peces ebrios de dolor
Que
se dejan atrapar
Por
el perverso pescador
Mordiendo
El
ardiente anzuelo
Para
ser llevados
Al
sartén de hierro
Para
bailar la última danza
Entre
los dientes podridos
Del
miserable cazador
La
mujer que algún día
Esperaba
Reservándole
Los
climas de mi cuerpo
Nunca
llegó
Se
quedó atrapada
Entre
las notas violentas
De
un violonchelo
Nunca
visto
Nunca
tocado
Un
violín eléctrico
Rojo
Lanza
aullidos
Dardos
del silencio
Para
atrapar los oídos
De
los muertos.
LA
PSICOLOGA.
No hay nada mejor en esta vida
que una bella dama.
Cuando
la conocí, ella me consideraba un loco; hasta un
“ser enfermizo”, depravado. Siempre me miraba
con sus reservas, y en ningún momento,
profundizaba su vista sobre mis ojos de
muerto. Me huía frecuentemente,
argumentando, cualquier razón o sin razón; decía:
debo buscar
los silencios escalofriantes del universo. Estoy
buscando el principio intrínseco de la vida. El
poder del universo me aplasta y aniquila, cual una
hormiga ebria. Se me quedaba observando con
mucha precaución y hasta cierto miedo. Yo,
para ella, era sólo un poeta demente, iracundo y
discípulo consumado de Dionisios.
Suenan las campanas sus lamentos/Mientras los
fieles enlutados se encaminan cual robots, hacia
su creador/Los reverendos del metal esperan sus
ovejas mecánicas, para aceitar sus
cerebros/Alabado sea el Hierro/Bendita la
maquina/Aleluya al aceite automotriz/Levantemos la
batería al Señor del concreto/.
Ella,
era la perfección de mujer. De piernas largas y
bien torneadas. Ojos como cavernas obscuras y
silenciosas. Sus caderas eran el movimiento mismo.
Tenía un lunar pequeño en la mejilla izquierda,
que la hacía verse más encamable.
Estudiaba creo... Psicología, en la
Universidad del Estado. Era introvertida, y un
poco “altanera”, bueno... eso decían sus
condiscípulos. Los
ecos de Freud, taladran las consciencias/Mientras
los hombres como autómatas se dirigen al pabellón
de la locura/Sueñan los seres en símbolos
dispersos y complicados, mientras el subconsciente
se carcajea/Los dolores antiguos aparecen entre
las nubes del pensamiento, y encadenan a los
“sujetos urbanos”, y estos, con algunos
“venenos espirituales”, alejan de sí, la
cascada del sufrimiento.
Nunca el “destino” nos unió, ni las
probabilidades nos acercaron jamás. Fue un día
lluvioso, cuando me dije: voy por esa mujer de
pelo ensortijado. Llegué en cuasi estado de
ebriedad, más una píldora de esas que nos hacen
olvidar que existimos, me dirigí a ella, la
belleza. Me gusta tu lunar obsceno, creo que le
dije. No me contestó, sólo se me quedo mirando.
No me palpitaba el corazón, porque, creo que no
tengo; sólo se escuchaba el sonido de una maquina
recién prendida. Yo
no era la perfección estándar del hombre guapo;
más bien mi atractivo era mi mirada de “locura,
de demencia”. Eres muy especial, y bellísimo,
exclamó en tono sereno la
dama.
Mis ojos eran antorchas en la madrugada/Mis manos
ramas de algún árbol, donde corre la savia, como
una maldición/Y mi rostro era el terror
mismo/Afuera, allá donde se termina lo posible,
una luz azul, me envolvía con su tristísima
belleza/Era el hombre más perfecto...
Te
amo, me dijo. Yo no contesté nada. Sólo nos
encaminamos por las calles torcidas de la ciudad,
buscando un lugar privado, donde tocarnos el
cuerpo, donde fundirnos en uno, donde
pertenecernos, donde ser la unidad, donde...
copular todo el día. Queríamos alejar el
sentimiento de “angustia universal”,
“aniquilar la soledad”, “dejar de temblar
ante las vicisitudes del vivir”.
¿Crees qué el sexo nos espante los
demonios?
No lo sé.
¿Me quieres?
No lo sé.
La vida, y todo lo que ésta implica se
carcajeaba.
EL
SEIS.
UN
GATO Y EL JAZZ
Los
golpes cruentos
que
lanza el viento
siempre
destruyen
mi
cuerpo
estoy
desfigurado
el
rostro
tengo
todas las heridas
incrustadas
tatuadas
inconadas
sobre
la epidermis
repulsiva
atractiva
que
cubre los huesos
quebradizos
de
mi antes bella
faz
hoy
una máscara
de
metal
esconde
mi nombre
estoy
“monstruo divino”
entre
los templos
del
anonimato
y
sólo salgo las noches
gato
azul
a
recorrer los tejados
de
los bares nocturnos
para
beberme insaciable
una
botella de olvido
escuchar
extasiado
una
vieja melodía
de
síncopa alucinante
que
haga latir
mi
detestable corazón
al compás
del
jazz
y
lanzar
mi vista
gatuna
entre
pedazos
de
sombra
buscando
una prostituta
de
falda corta
de
pechos pródigos
de
labios suaves
para
invitarla
a
mi obscura morada
y
en
mi lecho bestial
hacerle
el amor
hasta
sorberle
toda
la pasión
toda
la vida...
EL
SEIS
Les envío un cuento genial como colaboración.YO
SOY EL ARTE/YO SOY EL PROXENETA DE LA PARCA.
Aten.
EL SEIS.
Postscriptum: Los d.a. y el (cr.) son míos
exclusivamente.
LA PSICOLOGA.
No hay nada mejor en esta vida
que una bella dama.
Cuando
la conocí, ella me consideraba un loco; hasta
un “ser enfermizo”, depravado. Siempre me
miraba con sus reservas, y en ningún momento,
profundizaba su vista sobre mis ojos de
muerto. Me huía frecuentemente,
argumentando, cualquier razón o sin razón; decía:
debo
buscar los silencios escalofriantes del universo.
Estoy buscando el principio intrínseco de la
vida. El poder del universo me aplasta y
aniquila, cual una hormiga ebria. Se me
quedaba observando con
mucha precaución y hasta cierto miedo.
Yo, para ella, era sólo un poeta demente,
iracundo y discípulo consumado de Dionisios.
Suenan las campanas sus lamentos/Mientras los
fieles enlutados se encaminan cual robots, hacia
su creador/Los reverendos del metal esperan sus
ovejas mecánicas, para aceitar sus cerebros/Alabado
sea el Hierro/Bendita la maquina/Aleluya al
aceite automotriz/Levantemos la batería al Señor
del concreto/.
Ella,
era la perfección de mujer. De piernas largas y
bien torneadas. Ojos como cavernas obscuras y
silenciosas. Sus caderas eran el movimiento
mismo. Tenía un lunar pequeño en la mejilla
izquierda, que la hacía verse más encamable.
Estudiaba creo... Psicología, en la
Universidad del Estado. Era introvertida, y un
poco “altanera”, bueno... eso decían sus
condiscípulos. Los
ecos de Freud, taladran las consciencias/Mientras
los hombres como autómatas se dirigen al pabellón
de la locura/Sueñan los seres en símbolos
dispersos y complicados, mientras el
subconsciente se carcajea/Los dolores antiguos
aparecen entre las nubes del pensamiento, y
encadenan a los “sujetos urbanos”, y estos,
con algunos “venenos espirituales”, alejan
de sí, la cascada del sufrimiento.
Nunca el “destino” nos unió, ni las
probabilidades nos acercaron jamás. Fue un día
lluvioso, cuando me dije: voy por esa mujer de
pelo ensortijado. Llegué en cuasi estado de
ebriedad, más una píldora de esas que nos
hacen olvidar que existimos, me dirigí a ella,
la belleza. Me gusta tu lunar obsceno, creo que
le dije. No me contestó, sólo se me quedo
mirando. No me palpitaba el corazón, porque,
creo que no tengo; sólo se escuchaba el sonido
de una máquina recién prendida. Yo
no era la perfección estándar del hombre guapo;
más bien mi atractivo era mi mirada de
“locura, de demencia”. Eres muy
especial, y bellísimo, exclamó en tono sereno
la dama.
Mis ojos eran antorchas en la madrugada/Mis
manos ramas de algún árbol, donde corre la
savia, como una maldición/Y mi rostro era el
terror mismo/Afuera, allá donde se termina lo
posible, una luz azul, me envolvía con su tristísima
belleza/Era el hombre más perfecto...
Te
amo, me dijo. Yo no contesté nada. Sólo nos
encaminamos por las calles torcidas de la
ciudad, buscando un lugar privado, donde
tocarnos el cuerpo, donde fundirnos en uno,
donde pertenecernos, donde ser la unidad, donde...
copular todo el día. Queríamos alejar el
sentimiento de “angustia universal”,
“aniquilar la soledad”, “dejar de temblar
ante las vicisitudes del vivir”.
¿Crees qué el sexo nos espante los
demonios?
No lo sé.
¿Me quieres?
No lo sé.
La vida, y todo lo que ésta implica se
carcajeaba.
EL
SEIS
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ES TU CUERPO EL TEMPLODE MI ADORACION. Dedico este poema a una bella chica, que conocí en un puerto. Yo fui su pescador, ella mi sirena.
Cada silbaba de tu extraño Nombre Esta llena de odio De rencor Hasta de sangre Pero nunca de olvido… Siempre lo demuestras Cuando tu acústica Boca roja Arroja polifónicos Sonidos de filarmónica Enferma Sobre mi rostro De papel pautado Lleno de claves Símbolos extraños Donde se almacena Una melodía inconclusa Ejecutada por el universo De mi ser atormentado Mientras suena un tristeOboe Allá cerca del teatro Infinito De la ciudad caótica De mi cerebro Aunque vuelen violentos Los años Sobre la piel eterna Del cosmos Tu cuerpo tapizado De “ángeles ebrios” Eleva cánticos De la más viva pasión Haciendo alarde Desmedido De su tersa lozanía Cuando estás conmigo Escuchando la melodía Que brota desde las sonoras Catacumbas Del ataúd morado Que cubre la estructura De mis huesos De mis sueños Y así…Aunque el cielo Tiemble Arroje lunas rotas Lágrimas de nubes Caiga algún planeta Herido Somos el único dúo Donde cada voz Rompe El óleo del silencio Cantando Aullando Su propia ópera de metal Para sumergirse En el lago utópico Donde está almacenado El amor Como una maldición Sempiterna El sonido divino De esplendente lujuria Que se esconde Bajo la suculenta epidermis Plateada De ese montón de carne Trémula Es la pasión de mi amada Parece que huyó Despavorido Para jamás volver (Dicen ancianos clarividentes) Está escondido En el fondo de un viejo Violín azul Que en espera dolorosa Agoniza Su vida de madera Entre las sepulturas antiguas Del camposanto De los olvidados El cual fue ejecutado Por una generación De músicos “dementes” Donde las cuerdas Presas de convulsiones Gemían Las mejores notas sensuales De una melodía llena De pechos de miel De rítmicas caderas De ríos de libido Que corren sobre Las aguas verdes De los antiguos oyentes Ya muertos… Es tu ser perfecto (Algo así) Como si estuvieras siempre Atrapada Entre la magia de un mantram Donde tus fieles devotos Lo pronuncian Para adorarte Siempre Tienen en sus manos Rosarios De lágrimas De pasiones De fe… Donde la repetición “Diabólica” De palabras extraídas De tu cuerpo (Un tanto confusas) Es como un vuelo De abejas locas Es tu cuerpo Un templo gótico Lleno de bellas naves En vuelo incierto Tus ojos Columnas que sostienen El peso de tu belleza Incomparable Rosetones magníficos Tus pechos Cuando están henchidos De pasión El altar donde huele A lluvia de incienso Es tu talle perfecto Cuando estás desnuda El silencio sepulcral Que vomita Una misa De cuerpo presente Es tu mente Cuando Piensas en tus fieles Amantes Algunos muertos de amor Muchos de rodillas Lastimadas Aún prestos para adorarte Siempre Nadie sabe conquistar Tu corazón (Reina tirana) Sin ser esclavo Del imperio de tus besos Estudian estrategias De guerra apasionada Para cercar el palacio De tu cuerpo Cómo vencer de manera Oportuna Eficiente Los soldados etéreos De tus iracundos Arrebatos Buscan el arma perfecta Para despojarte Del vestido de seda Que cubre tu erótico ser Hecho de maravillas He iluminas el todo Con tu belleza Aunque no haya luz En el universo Y los ojos de los humanos Están ciegos de tanto desear De tanto amar De tanto buscar De tanto nadar Cual pescados asustados Huyen De las redes asesinas Imaginarias Que se encuentran instaladas En las lagunas de sus mentes Alucinadas Pero… Siempre esperan todos Diario Con una pasividad Que espanta El movimiento suave Delicioso De tu cuerpo desnudo Sobre sus brazos de agua Sus manos de sal Para después besarte Entre las burbujas etílicas De las olas incróspidas De olores eternos Del más puro amor…
EL SEIS
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