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AUTOR |
TITULO DE LA OBRA |
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Isabel Llorca Bosco |
Ecos y otros |
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ECOS de Isabel Llorca Bosco
…si hasta cuando dormía me heriste con tu sueño como un haz de mañana en una pieza a oscuras, como un pañuelo florecido en despedida por la presión flotante de los aires. Respiración, susurros –sólo yo debía oírlos– iban haciéndose palabras, fragancia umbría, fronda en la impiedad solitaria de la siesta; y ahora son esta brisa que con su fresca pared empuja despacito, entreabre mi piel y la despierta y la aturde de verano. Como estoy cara al sol, mi sombra se hace cóncava por capturar el mundo traspasado por voz: los zumos vegetales, las regiones de agua tibia y salada, el lento avance gris de los inviernos fluyendo transformados por esas redes otra vez tendidas y el inquieto ramaje de tu pelo como un árbol dorado, fluctuando, por escapar de la memoria. Tengo en el cuerpo prisionero al mar y es mi jaula la tierra –con ser el mar mayor– y el verso que sembraste surge ahogado como aquel pez que está saliendo de las aguas. Enloquecida de ecos voy y vuelvo: Eco está condenada, Eco no puede expresar el amor. Y cuanto más se aleja más se cerca, encerrada en el reflejo de aquel canto. Y no es sólo la espuma de tu voz que se levanta y palidece en la marea que ha invadido una y otra vigilia, es un pueblo de voces apagadas que se van encendiendo en el país oscuro de la sangre, es la raíz marina y diminuta que en cada lágrima florece. Y no poder vaciarme de los deseos ajenos por no perder el eco, ni la sombra, ni el nombre.
(“Ecos” obtuvo Mención en el Primer Concurso Nacional Macedonio Fernández, Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 2004.)
DISPERSIÓNde Isabel Llorca Bosco
Pasarán mis palabras como el quejido de los gatos pequeños que comen las raíces de la lluvia, que es preferible ahogarlos –según dicen- antes que pasen a mayores. Pasarán mis palabras, Señor, y no cambiará el mundo. No seré más libre, ni habrá menos lugares vacíos desde siempre. Pasarán como el agua por los vidrios, aunque queden después sucios y opacos como el río de mi ciudad, que de tan solo sólo tiene una orilla. Y si llegan a desprenderse mis palabras, de mí sólo quedará la forma de mi boca en un callado grito. Toda totalidad se habrá perdido. A nadie le importará comprender. Si tengo suerte, alguno levantará un fragmento de mi rompecabezas para hacerlo jugar en otros marcos, cambiándole el valor. La eternidad del que escribe es esa ráfaga de otoño.
ENCAJEde Isabel Llorca Bosco
Tan resbaladiza la espina
pero pude atraparla y la arranqué sin respirar. Con un extremo perforé el papel de la misma manera que para hacer encaje de bolillos. Jugando conmigo como con otra me fui distrayendo de mí y eso me calmó. Clavé de nuevo la espina para cerrar un punto y se hizo el silencio.
Voy a encimar las hebras y cruzaré las manos en el sitio del dolor. No sé por qué presiento que no lo dejarán cicatrizar.
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