(Seudónimo de la escritora argentina Marta Roldán)

 

 


AUTOR

TITULO DE LA OBRA

José Pómez

Con dolores en el alma / Mi atrevimiento es hoy / ¿Por qué me perdonaste? / ...





Manda clara soledad.


Manda clara soledad.
Será de nuevo seguida,
no te impacientes mi vida,
comparte vitalidad.

Como una bella escondida
me canta con pena nueva
esta voz siempre que lleva
la promesa conocida.

Es busqueda sosegada
que te esconde lo lejano
en la palma de mi mano
esperando tu mirada.

¿Dónde encuentro lectoras
perfumadas con la brisa
de tu piel y de tu risa
para inolvidables horas?


José Pómez

 


Con dolores en el alma
y con el corazón lleno
de amor verdadero. ¡Sana
poetisa, perfecta, madre!

Naciendo la primavera
hoy siento contradecirte,
las flores no se retiran
buena amiga Carmen Flores.

Porque alegran a personas,
muchas como tú y como yo.
Ya lo tiene decidido
Dios, lo ha dejado escrito.

Las flores no se retiran
buena amiga Carmen Flores
naciendo la primavera
hoy siento contradecirte.

Te besan brisas celestes,
con nuevas fuerzas tus músculos
sostendrán tus dedos fuertes;
Dios te lo permite. ¡Vuelve!

Las flores no se retiran
Buena amiga Carmen Flores
naciendo la primavera
hoy siento contradecirte.

Las flores no se retiran,
siempre regresan al Sol
de la primavera, y llenas
de vida dan tus colores.


 


Mi atrevimiento es hoy,
desproporcionado,
lleno de errores como
vanidoso teclado,
que persigue la estela,
grande como mis faltas,
pisando sobre ellas,
intento ser más alto,
quiero llegar al monte,
al más alto de todos;
para decir al mundo:
Dios es amor: verdad.







 
 
¿Por qué me perdonaste?

 

 ¿Por qué me perdonaste?

 Tu voluntad es mi

 vida y lo admito tarde:

 sí, soy un ignorante

 porque nunca te niego,

 con mis atolondrados

 golpes, nada construyo,

 no sé, lo reconozco.

 

 Escuchándote amigo

 en las encrucijadas,

 y mirándote llegas

 a lo más escondido:

 en las oscuras sombras,

 en los últimos pliegos,

 en el fondo del fondo;

 con tu divinidad.

 

 Quedaron inundados

 todos mis pensamientos,

 por ti clarificado

 efecto de tu lumbre,

 mi corazón secreto

 que para ti es tu misma

 casa, tu misma vida,

 y los quitaste todos.

 

 

 José Pómez



Érase una vez un timbre. Lean.
Cómo se pulsan, y si son fiables;
permanecen colgados a sus cables
estos hilos visibles serpentean
paredes desconchadas con graznido
mezcla las pegatinas que coteja
si te eleva al absurdo moraleja;
cómo es posible tanto polvo unido.

Con agua duran muy poco, se cuelgan,
se pintan hoy de blanco los botones,
conviven pececillos tiburones
entre los males trepan, se descuelgan,
llevan muy lejos llave polvorienta
y zumbidos unen con una guita
de esos viejos soportes, baquelita
negra, y a veces blanca mugrienta.

Con sonidos miradas se desvíen
que en las fotografías más desiertas
presiden tiradores de las puertas
bromas de niños, corren y se ríen.
Los pequeños llevaron tus asuntos
allí donde tu sombra se trenzaba
son complemento joven de una aldaba.
¡Qué me gustan los timbres! Esos puntos...

De contacto, varados en las puertas,
enlaces entre lo exterior, caminos
empinados senderos cristalinos
que aconsejan: jamás estén abiertas,
que al interior se va siempre educando,
te describe la luz compositora,
trenzados en mi infancia, lisos ahora
recorriendo paredes y buscando.

Son solitarios vinos y sus mimbres
donde perfila meta con su danza
del interior amigo, la esperanza
una tarde de lluvia suena el timbre.
Son esos timbres que de nuevo juegan
entre grietas, socavan argamasas
y algunos abandonan a sus casas,
cuando se hacen fuerte se despegan.





Necesitan que filos siempre luzcan
agarrotados como una centella
que se fragmenta, he visto en sus huellas
que escapan de nosotros y nos buscan.
Por eso abandonan interiores
y dejan terco cerco polvoriento,
están vivos y somos su alimento...
corrompen pulsador interruptores.


José Pómez


COMPRUEBO LOS DORMIDOS VESTUARIOS

Compruebo los dormidos vestuarios,
luz, faro, aguja, brújula: mi libro
reúne trozos, todos necesarios
preparando cometa con tu libro.
Toda la vida es tránsito educando,
y te comprendo que meditas zana,
perdí el corazón, y lo halle escuchando…
con coherencia lo más fácil gana.

Pronto se acortará la escalinata
del confín alumbrado con tu fuerza,
pronto comenzará desiderata:
delfines bendecidos con tu fuerza.
Con esta nueva llega la salida,
el sentimiento brota y se aduja
con estos pies en llamas por la vida,
conforme a tu palabra es esta aguja.

Es río de mi fuente y con la madre
es monte, monte, madre Soledad,
orando con el Padre siempre Padre,
contemplando la gracia, la verdad.
Con el agua salada ya se alegra,
te confieso que hasta la retina
--con lectura-- se orienta mi alma negra;
meditando la salve por divina.


José Pómez



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